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Sting, ‘Englishman in Punta Cana’

Ramón Almánzar
ramon.almanzar@listindiario.com
Santo Domingo

Sting se abraza cariñosamente a su instrumento esencial, el bajo, y renueva aquel matrimonio para siempre con la música. Desde el gran salón del Hard Rock Hotel & Casino Punta Cana todas sus notas y canciones, junto a la de los otros cuatro músicos y tres coristas, van guiando al embelesado público por esas rutas imborrables de 40 años sobresaltando los corazones de varias generaciones.

La imagen elegante y la voz prodigiosa de este “englishman” quedarán en el recuerdo de aquellos testigos esenciales de un concierto impecable, sin necesidad de aspavientos artísticos, pantallas por todos lados, coreografías vistosas o cualquier otro subterfugio escénico.

Por tercera vez en uno de sus escenarios, República Dominicana se dio el lujo de tener, a sus 65 formidables años de edad, a aquel imperdible rockero de los tiempos indomables de The Police, del que afortunadamente escogió varios temas, pasando por los propios y hasta algunos de su más reciente disco, “57th & 9th”.

El título del disco, el número doce de su carrera como solista, lo inspiró aquella esquina de Nueva York por la que camina con frecuencia hasta llegar a su estudio de grabación.

“I Can’t Stop Thinking About You”, “One Fine Day”, “Petrol Head”, “Down, Down, Down” y “50,000” fueron las nuevas propuestas intercaladas con los grandes éxitos.

De esos infaltables, el primero que arrancó emociones y aplausos y vítores en Hard Rock fue “Englishman in New York”, que formó parte de su segundo disco en solitario “Nothing Like the Sun” (1987) y que le valió menciones como uno de los mejores del rock and roll de los 80.

De esa producción musical también escogió el cierre: “Fragile”, que arrancó todos los suspiros posibles, desarropando una noche que quedaba ahora al descubierto, expuesta para todos los encuentros, para todos los amores, para todos los éxtasis posibles.

Emociones también levantaron “Fields of Gold” y “Shape of My Heart”, que en aquel 1993 derritió temperaturas y corazones mientras Sting por el álbum completo “Ten summoner’s Tales”) recogía un triple platino y que forma parte de los cien millones de discos vendidos a lo largo de su carrera. Claro, en la noche no podía faltar su emblemático “Desert Rose”.

El extra vino del fascinante pasado, de los mejores tiempos como policía musical (The Police): “Synchronicity II”, “Every Breath You Take”, “Roxanne”, “Message in a Bottle” y “Walking on the Moon”.

El cantante inglés logra a la perfección un híbrido entre el pop y el rock, con influencias del jazz y la exploración de nuevos sonidos.

Con su t-shirt que denota sencillez (contrario a muchos de los presentes que andaban en pinta), Sting no repara en la forma, sino en el fondo de su puesta en escena.

Lo suyo es tocar y cantar. Prioriza el que vaya descubriendo su repertorio antes que combinarlo con parlamentos, mensajes, anécdotas, explicaciones o cualquier otro recurso hablado.

Él no se detenía mucho en dirigirse a los presentes. Apenas algunas frases en un español mal pronunciado: “Más fuerte por favor”, dijo en el inicio de uno de sus temas.

Durante su presentación, Sting se une en el escenario a su hijo, Joe Sumner. En uno de esos encuentros interpretaron el cover “Ashes to Ashes”, que recuerda al fenecido David Bowie.

Las cerca de 3,500 personas disfrutaron de un concierto de esos que son merecedores de cualquier calificativo de lujo y en el que Saymon Díaz sumó puntos como empresario artístico de talla internacional.

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La noche había comenzado con la participación como anfitrión del cantautor Pavel Núñez, quien interpretó “Amor y perdón”, “Dime si lo ves”, “Viene gente”, “Al otro lado de la calle”, “Paso a paso” y “Te di”.

Luego de Pavel Nuñez se aparecieron unos Bandoleros (un grupo musical desconocido por estos lares) que robaron la atención de los más jóvenes.

 

 

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