Beller Digital

Juego de Tronos 7

Luis Beiro
Santo Domingo

La séptima temporada de “Juego de Tronos” no trajo nada nuevo. Tal vez incorpora un signo de aventura chabacana, en franca contradicción a las entregas anteriores que resplandecían por el culto a la inteligencia a partir de la teoría del poder y el trasfondo de las ideas de dominación y conquista que han caracterizado la historia de la especie humana.

Un personaje construido con la profundidad artística y la capacidad intelectual de Tyrion Lanister ha caído en un limbo protagónico para dar prioridad a otras estrategias de la serie, más comerciales y sensacionalistas. El discurso ético, la naturaleza filosófica y el interés por el trasfondo conceptual de este personaje rico en matices, ya no son caldos de cultivo.

Otros personajes, mucho más lejanos de la sabiduría y del trasfondo cultural en capítulos anteriores, salen a la luz aquí, como Jaime Lanister, Theon Greyjon y Samwell Tarly. Salen como conejos del sombrero de los realizadores devenidos en magos. Puede parecer que el guion es como un Dios que cambia de lugar a los protagonistas dentro del sagrado templo de los elegidos. Los dioses de ayer, hoy son demonios macabros y viceversa, todo por contribuir a la implacable sed de entretenimiento para un mercado que prefiere la anécdota, y que se dejó manipular como buen cordero por los engranajes  de la tradición para este tipo de espectáculo visual.

Si algo todavía merece aplausos prolongados en “Juego de Tronos”, es su formidable cinematografía. Deslumbra, además, su rigurosa puesta en escena, la perfección del vestuario, el maquillaje, la ambientación, los efectos visuales y, sobre todo, ese trabajo en el cuarto de edición donde los excesos del guion reciben un maquillaje más sublime.

Las actuaciones van y vienen. El resucitado  John Snow ahora es un galán a las órdenes de una Reina que ama con locura. Daenerys Targayen de implacable dictadora ha pasado a ser una dócil belleza enamorada y Cersei Lanister, sigue cada vez más fría, taimada y destructiva. Tanta maldad acumulada en su mirada la hace ser un personaje totalmente previsible. ¿Aplausos? Ayra Star (la Sin Rostro), Bran Star (El Cuervo de los Tres Ojos), Lord Baelish (Little Finger) Sandor Clegare (El Perro), Bronn (Ser Bronn del Aguasnegras) y Jorah Mormont (El Ándalo), sacan la cara por un reparto desigual, que debió esforzarse por proseguir los méritos alcanzados en temporadas anteriores. Pero la culpa no es de los actores… Ellos siguen el curso de un guion zigzagueante que los obligará a emplearse a fondo para no salir de la memoria de los apasionados seguidores de la serie.

Esperemos que la octava temporada traiga algo mejor. Por el camino que va “Juego de Tronos”, se convertirá con el paso del tiempo en otro subproducto destinado al olvido en pocos años, con los tres dragones de fuego incluidos.

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